Lo primero que hay que asumir es que la la posición de líder no es una tarea fácil, son muchas las competencias que se necesitan para poder ejercer con eficacia un buen estilo, aplicando determinadas cualidades y competencias tanto profesionales como personales, pudiendo así transmitir la cultura de la empresa.

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 Los líderes de hoy son auténticos gestores, ya no vale con conocer sólo las áreas de administración de recursos humanos, la nueva era no exige ser especialista en algo concreto, pero si que sus habilidades deban controlar determinados aspectos psicológicos, financieros, sociológicos, informáticos, de marketing y poder crear con ellos estrategias asociadas a las necesidades concretas de la organización.

 Liderazgo personal

 Nos referimos al talento para poder afrontar el cambio en el desarrollo de las personas, transmitiendo credibilidad y confianza, comportándose como un interlocutor válido entre la organización y los propios trabajadores.

Estrategia

El líder también debe tener un pensamiento estratégico que le facilite ver a la organización como un sistema de negocio, por lo que tendrá que disponer de aptitud para controlar los gastos y ejecutar análisis de rentabilidad. Es importante tomar decisiones adecuadas en este ámbito en relación a la selección, desarrollo, evaluación, nóminas, etc.

Integridad

La integridad es un condición imprescindible para todo líder, entendida como la idoneidad de poder controlar con responsabilidad todos sus actos, tanto en el ámbito económico, de comunicación, propuestas a los trabajadores, confidencialidad y respeto en las relaciones.

Procesos de cambio

La persona que actúa como jefe debe ayudar a la empresa a mantener una situación dinámica, estando a la última en cuanto a las novedades en los negocios, procesos y los diferentes métodos de trabajo existentes.

Gestor de talento

Hablamos de un auténtico gestor de talento que aporte positividad a la organización y que mantenga la idea de un bien común sobre el grupo, desarrollando toda la inteligencia del colectivo.

Así, queda claro que ser empresario no conlleva de forma automática ser un buen líder. Ahora se necesita de un liderazgo positivo, ejercido por quién es capaz de orientar sus esfuerzos hacia el equipo, consiguiendo los objetivos y metas que la empresa u organización se marque.

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